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miércoles, 28 de abril de 2010

Oh, ella se ha ido.

Quizás era la localización, o tal vez, toda aquella mala fama se la había ganado a pulso el pequeño bar de la esquina. Nunca había ocurrido nada, pero al entrar, rodeado por el humo del tabaco y el olor rancio a licores pasados se podía sentir la presencia acechante de la muerte. Allí no importaba quién fueras, ni tan si quiera cómo fueras, todos los clientes compartían una aureola que les hacía irreconocibles a menos de tratarse de una mirada crítica y analítica.
Allí estaba él, como todos los demás, con su camisa manchada y los ojos hundidos en unas sombras aterradoras. Sus manos, gastadas y con las uñas mordidas hasta los extremos, temblaban nerviosas, agitando el paquete de tabaco que amenazaba con caerse. Ya había perdido la cuenta de lo que había bebido, y eso, en el fondo, le creaba una sensación de malestar, puesto que no recordaba llevar el monedero encima. El dueño del mar, le miraba, malicioso, como si pudiera leer su mente, mientras seguía secando los vasos con un trapo amarillento, y el ver esa escena hacía que todas las bebidas se antojaran asquerosas, quemando las gargantas por las que pasaban, no obstante, esto no quitaba de beber a los hombres de aspecto lamentable que se alineaban en la barra, no, ellos seguían fumando, mientras ahogaban todos sus miedos en el fondo de aquellos vasos gastados y sucios.
Él ya se había perdido a sí mismo, mucho antes de haber entrado en aquel maloliente agujero. No se sentía persona, ni tan siquiera ser vivo. No se oía respirar, no sentía los latidos de su corazón, solo oía su voz, su voz latente en la cabeza, que le mareaba y le incitaba a continuar bebiendo, a continuar perdiéndose a sí mismo. Era incapaz de mantener los ojos abiertos, pero si los cerraba, le acechaban sombras, todos sus miedos tornados monstruos atroces; le comían poco a poco, devoraban su alma abandonando el cuerpo en aquel mundo insensible, habitado por seres asquerosos conocidos como raza humana. Tan solo imaginando esto su cuerpo temblaba con violencia y no era capaz de respirar con propiedad, agitaba la mano sin poder evitarlo, como si de un tic nervioso se tratase, derramando el licor amarillento, que, al contacto con su piel, le helaba por dentro.
Ella y solo ella. Había sido su mundo, su razón de ser, su motivo para respirar un día más. Ahora ya no era nada, pero seguía siéndolo todo. Ocupaba toda su cabeza, hundiéndole en su miseria, en sentirla y no tenerla, en quererla y odiarla por ello.
Él no tenía la culpa, se auto convencía de ello como el niño que niega haber roto un plato, se lo repetía noche y día mientras se dejaba perder por las calles, se lo repetía al recordar su cara, al sentirla tan cerca que deseaba agarrarla, agarrarla y convencerla de que él no había hecho nada. Ella, ella y sus lágrimas, malditas dagas cristalinas que le agujereaban el corazón, que le mataban por dentro y le hacían matarse por fuera.
Dejó caer el vaso con un golpe sordo, que no llamó la atención de ninguno de sus compañeros de miseria, y se levantó tambaleándose, sin poder erguir del todo la cabeza. Los colores de sus zapatillas no se le hacían tan animados como solían aparecérsele, y, ante la mirada de complicidad que no llegó a divisar del dueño del bar, salió de allí arrastrando los pies. Llovía, y el agua le calaba la ropa, traspasándola e inundándole el alma, llevándose, cual río desembocado, todo aquel atisbo de humanidad que pudiera quedar en su interior.
La quería, la amaba, quería tocarla, rozar su pelo, olerla, un día más, solo un día más. Le hablaría, la perdonaría y todo seguiría igual. Ella le amaba, no era nada sin él, y no necesitaba repetírselo para estar seguro de ello, lo sabía, aunque lo buscara, no encontraría a nadie mejor, no, aquellos monstruos de dedos largos, esas bestias con ansia de carne no eran mejor que él, no podían serlo.
Ella se había ido, pero no significaba nada, ella se había ido, pero no lo suficientemente lejos. Y entonces se dijo a sí mismo que la volvería a ver, y que la tocaría, y que ella le amaría de nuevo, y si no le amaba, sería peor para ella, se tendría que enfrentar al mundo sin él, y no sería capaz, y era tal el sentimiento que le llenaba que se sentía mejor, y se volvía a sentir un poco más él, se sentía querido, y todas aquellas veces que le habían llamado loco se le hacían insignificantes, lejanas.
Se volvía a sentir él, como siempre, tan orgulloso como el primer día, y se repetía a sí mismo que podría ser feliz sin ella, que ella no era nadie.
Y allí estaba ella. Tan espléndida como el primer día, con su voz cariñosa rodeándole de palabras inciertas, de sueños y promesas que no se iban a cumplir. Y allí estaba él, como el primer día, tan inseguro, tan celoso, tan exagerado. Había vuelto a ser él, pero ella no volvería a ser ella nunca más. Había sido un sueño, una ilusión, y había descendido para atraparle con palabras hermosas, le había elevado al mismo cielo y le había hundido en la tierra, marchándose para siempre. Y ahora era él y no era. Se había perdido a sí mismo, se había perdido en una divinidad inexistente, y la había divinizado a ella.
Y allí están los dos. Él está, pero no está, y ella está, pero se ha ido.

Oh, she’s gone. I love you girl.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Carta

Querido Lex:

Últimamente no he tenido demasiadas noticias tuyas, ¿te has dado cuenta? Si no fallan mis cálculos yo diría que hace como una semana que no me dejas carta, y sinceramente, me parece algo muy extraño. Lo habría dejado correr si no fuera por una serie de situaciones que me han obligado a escribirte.
La más importante, y por tanto, la que me tiene en una completa intriga, es la llamada que recibí hace como 3 días, a eso de las 10 de la noche de una mujer cagándose en todos tus muertos y en otras cosas variadas. Para no hacerte la putada de decir que no era tu número, y por tanto ella pensara que le habías dado uno falso, dije que era tu hermana, el único recado que me dio es el siguiente:
“Como te vuelvas ha acercar a Kingdom estás muerto”. Por lo que a mi respecta el mensaje queda bien claro.
¿Te liaste con ella? La verdad es que considero que te conozco bastante bien y, por lo que a mi respecta, te gustan los hombres. Ahora ya veo que eso que me contaste de que te podrías liar con una mujer era cierto. Se que a ti esto de tontear te gusta mucho, pero ten en cuenta que luego como las chicas te vean con otro se va a liar una buena, y, por lo que a mi respecta, los cambios que pasan en tu cuerpo también ocurren en el mío, así que preferiría que ninguna mujer te tirara de los pelos (ya bastantes se me caen solitos) y hablando de esto, ¿qué te pasó en el brazo?
Ahora tengo un arañazo enorme y mi madre se llevó un buen susto al verlo, ten más cuidado que un día de estos ¡me vas a acabar rompiendo una pierna!
Volviendo al tema de tus ligues, creo que ya va siendo hora de que te compres un móvil, que te pasas los días comprando ropa y ya no tengo más sitio donde esconderla, sinceramente necesitas con urgencia un móvil, ¡que no tienes que llevar todos los días ropa nueva! A todo esto, el otro día te cogí prestada una camisa negra de Dolce&Gabanna, me quedaba tan bien que no lo pude resistir, espero que no te importe.
Además, como último me gustaría añadir que, cuando te acuerdes, agradecería que me hicieras ese curso de japonés que me prometiste, que como siempre estás de fiesta nunca te acuerdas.

Siempre a tu lado, Mónica.

PD: De los 100€ que me encontré en el bolsillo de tu pantalón el otro día me he quedado con 50, te aviso, aunque se que en el fondo nunca prestas demasiada atención al dinero que te dan.

PD2: Por cierto, los calzoncillos desconocidos que me encontré el Lunes los he tirado, ¡ten cuidado con lo que traes a casa!



Mucho, mucho más en "La vida anónima de la Mademoiselle X"

Todas las buenas historias tienen un principio, y yo creo, que este es el nuestro.

miércoles, 29 de agosto de 2007

~ Winged Paradise Shot ~



.:. † ¿Winged Paradise? Debes de volver antes de medianoche... † .:.




“¿Por qué naciste? ¿Por qué tienes que existir? Yo no te quería y.... No te quiero”

Una vez más todo se derrumba a mi alrededor.
La sangre cae.
La gente grita.
Y yo sigo ahí.
Impasible.
Por mucho que pase el tiempo.


- ¡¡Yachi por favor para!!- Gritaba Nerine mientras me agarraba de la pierna - ¡¡Ese hombre ya está muerto!!

Volví otra vez en mí.

Ante mis pies se encontraba el cuerpo descuartizado de un hombre que ya hacía tiempo que había muerto.

- Vaya, si que ha durado poco - Musité.

- ¿Por qué has sido tan violenta Yachi? Normalmente te sueles contener... -

- Estoy harta de contenerme, necesitaba matar a alguien.

- Pero... Matar gente está mal.

- ¿Y? Hay gente que hace cosas peores. Matan animales, experimentan con ellos, esclavizan a los niños, contaminan la tierra, destruyen pueblos enteros, queman todo aquello que se cruza en su paso. Ellos... Aquellos que destruyen lo que dicen que más quieren. Esa escoria no vale nada.

- No... No te entiendo Yachi. ¿Qué te pasa?

Nerine cumplió seis años hace, creo, que tres meses. Es imposible que alguien inocente que no ha salido de las cuatro paredes que componen su mansión me entienda. Imposible.

- Vamos a casa. Me quiero dar una ducha. - Dije mientras guardaba mi guadaña y empezaba a andar.

- Yachi... ¿dónde están tus ojos rosas?

- Ntch, calla y empieza a andar por favor.

Cada vez que perdía el control Nerine se asustaba mucho, supongo que eso se debía al color en el que se tornaban mis ojos. Rojo. Cómo la sangre que vierto cada día.

La mansión de Nerine apenas se encontraba a quince minutos del parque, lo suficiente para calmarme y que mis ojos volvieran a la normalidad, rosados.

- Me alegro de que hayas vuelto a la normalidad - Dijo Nerine en un susurro mirándome.

Al llegar allí se encontraba Shin, cómo de costumbre me esperaba.
Siempre me esperaba.

- Ya iba siendo hora de que volvierais - Dijo acercándose a mí.

- ¿No te han dejado pasar? - Preguntó Nerine.

- No, el carca de tu mayordomo dice que con vosotras o nada.

- Normal... - Suspiré - Anda, entremos.

En la entrada nos esperaban los mayordomos y las sirvientas personales de Nerine, las cuales se encargaban siempre de ayudarla en todo.

- ¿Te quedarás a cenar Shin? - Preguntó Nerine con una sonrisa.

- Si me dejáis...

- Entonces avisaré para que pongan un plato más - Dijo antes de desaparecer por uno de los grandes portones.

- Nerine es muy mona - Dijo Shin mientras me miraba.

- Sí, y también tiene muchas ganas de que estemos juntos. Es capaz de pedirte que incluso te quedes a dormir.

- Que bien me cae la niña...

- Pervertido acosador...

- ¿Vamos a tu cuarto?

- Sí... Tengo ganas de ducharme.

- ¿Me puedo duchar contigo? - Me preguntó con carita de cordero degollado.

- Díos mío... - Dije mientras me dirigía al cuarto.

Una vez allí cogí una toalla y fui hasta mi baño personal, Shin se encontraba a mis espaldas, siguiéndome.

- Ya te he dicho que no te bañarías conmigo.

- ¿No te puedo esperar en el váter sentado?

Suspiré.
Shin siempre era así.

Ambos entramos en el baño y yo me desnudé para meterme en la ducha, entonces al girarme noté como él me miraba extrañado.

- ¿Pasa algo?

- ¿Cuándo te has hecho ese tatuaje?

¿Tatuaje?
Yo jamás me había hecho ningún tatuaje, piercings sí, pero tatuajes no, nunca me había atrevido.
Entonces Shin se acercó a mi y me tocó el final de la espalda.
Note cómo todo el cuerpo me ardía, estaba haciendo una figura muy extraña con el dedo.
Una vez acabado noté como me quedaba helada. Quería que siguiera tocando la marca que, según él, había.

- Parece... Yo creo que son una alas, pero más bien parece una flor.

- Que extraño... Yo no me he hecho nada.

- Si en el mundo no pasaran cosas así esto sería un aburrimiento, ¿no crees?

- También es verdad.

Y tras decir eso me metí en la ducha.
Una vez hube salido y vi que Shin no se encontraba en el baño mi corazón dio un fuerte apretón. Guardándome todo sentimiento salí, y allí estaba, sentado en mi cama.

- Creía que te habías ido.

- ¿Y te habías puesto triste? - Bromeó.

- ¡Claro que no! - Noté cómo empezada a ruborizarme, así que hice imposibles para conseguir guardar la compostura.

- ¿Sabes...? Creo que no voy a venir más.

- ¿Y eso?

- Llevo esperando demasiado tiempo una respuesta. Ya no me veo capaz de esperar mucho más. Yo quiero, pero mi mente me dice que no, porque todavía no me has dicho que sí...

- No sabría que decirte - Entonces me senté a su lado en la cama y encogí las piernas.

- No se cómo puedo aguantar los instintos. Primero en la ducha y ahora esto.

- ¿Eh? - Entonces me di cuenta de que me encontraba en toalla, y antes él había estado en el baño mientras yo me encontraba totalmente desnuda - Es verdad, nunca había pensado que así en el fondo te hago sufrir. No valgo nada. Soy una estúpida.

- Yo... Yo jamás amaría a una estúpida. Tenlo en cuenta - Entonces me agarró de los hombros y me tumbó en la cama, él se situó encima mía y me besó la frente - Por favor, solo tienes que decir que sí.

En esos momentos por mi mente pasaron todo tipo de emociones.
Vi el odio.
La sangre.
Lo volví a ver todo.


Volví a llorar... Después de tanto tiempo lloré.

- Sí ... - Dije susurrando mientras cerraba los ojos.

Entonces todo mi cuerpo comenzó a arder.
Y me di cuenta de que jamás me arrepentiría de haber dicho que sí.
Abrí los ojos y pude ver los de Shin, esos ojos grises que inspiraban confianza, que cada vez que los veía hacían que mi alma se tranquilizara.
Él y solo él.
Él era mi paz.

No sé cuanto tiempo duró aquello, pero a mí se me hizo corto. Demasiado corto.

Abrí los ojos y vi a Shin tumbado a mi lado en la cama, estaba despierto y me miraba afable, complacido.

- Sigue durmiendo, debes estar cansada.

- Tú también deberías dormir.

- Prefiero mirarte, todavía no me creo que esto sea cierto.

- Y.... ¿Qué ha pasado con la cena?

- Llamaron hace poco, les he dicho que estábamos indispuestos y que no podíamos bajar.

- Pues... La verdad es que tengo algo de hambre.

- ¿Quieres que les pida algo?

- No, no te preocupes, iré yo. Necesito... Despejarme.

- Vale, pero la única condición que te pido es que vuelvas.

- Claro, no tenía pensado huir.

Entonces me levanté y fui hasta el armario para coger algo de ropa, me vestí ante los ojos de Shin, los cuales seguían cada uno de mis movimientos.

- ¿No me vas a dar un beso antes de irte?

- Solo voy a coger un poco de comida, ¿qué podría pasar? - suspiré - además, debería de haberte sido suficiente con lo que ha pasado.

- Después de todo el tiempo que llevo esperando no te creas que con una noche me dejarás satisfecho.

- Serás estúpido... - Y tras decir eso salí de la habitación.

Por fin sentía que tenía algo mi vida.
Desde aquel día no había tenido nada.
Y ahora lo tenía, lo tenía a él.
Mi paz.


Empecé a recorrer los pasillos nerviosa, con todo lo que había pasado me encontraba tan confusa que quizás ni siquiera fuera capaz de encontrar la cocina.
Entonces allí, al final del pasillo lo vi.

Un reloj que nunca antes había visto, me acerqué y me fijé en que estaban a punto de dar las doce, solo quedaban unos segundo.

“Deberás abandonar el baile antes de medianoche, por mucho que te estés divirtiendo.”

Fueron las palabras que se me vinieron en ese instante a la cabeza.
Eran justo lo que le decía el hada madrina a Cenicienta antes de que se fuera al baile.

Pero yo sabía que aquello no iba a terminar.
Mi felicidad era verdadera, no un cuento de hadas.

3...
2...
1...

Y empezaron a tocar las campanas.
La fiesta había terminado.

Y al girarme allí se encontraba, el hada madrina.

- Te lo dije, la fiesta terminaba a las doce.

- ¿Quién es usted? ¿Qué fiesta?

- Te están esperando, no le puedes hacer esperar mucho.

¿A quién se refería la señora? ¿Tal vez a Shin?

- Perdone, no entiendo nada.

- No hace falta que entiendas nada. Todo ha acabado.

Y entonces todo a mi alrededor se tornó oscuro.
Lo único en lo cual pude pensar en esos momentos fue en Shin.

“¿No me vas a dar un beso antes de irte?”

Maldición, debería habérselo dado.
No sabía cómo, ni tan siquiera porqué, pero sabía que no volvería a verle en mucho tiempo...

Una vez más todo se derrumba a mi alrededor.
Mi felicidad marchita.
Mis ilusiones congeladas.
Mi sonrisa rota.


Todo aquello que creía felicidad se desvanece.
Se derrumba.
Todo.
Y en lo más profundo de mi ser sólo soy capaz de sentir calor.
Un profundo calor que inunda mi alma.
Que me quema por dentro.


- Bienvenida a Winged Paradise, mi princesa.

Sabía que no era Shin, por eso me negaba a abrir los ojos.






“Ahora, en lo más profundo de mi alma me negaba a afrontar la realidad.
Esa realidad que me quemaba por dentro...
Esa realidad que derrumba mis felicidad...”









* ~ * ~ * ~

Bueno, aquí dejo un capi que hice para una de las muchas historias compartidas en las que participo ^^U Y lo he puesto... Porque me gusta bastante la verdad xD (Aunque lo podría haber hecho mejor, claro ù.u) Aquí se queda cómo historia autoconclusiva, séase, Shot pero teóricamente tiene continuación ...
La protagonista se llama Yachi porque mi personaje se llama igual que yo, y el chico se llama Shin no por el de Nana, si no por un chico de una de mis historias (Cada vez más cerca de algo llamado cielo), al cual le puse ése nombre antes de conocer Nana, que conste xD
Pues eso, espero que os guste ^o^
(Y quiero comentarios para ver cómo mejorarlo, ne? ò.o)

miércoles, 1 de agosto de 2007

Volar ~



No me puedo resistir.
Pese a saber que no puedo quiero intentarlo de nuevo.
Batir las alas otra vez.
Tocar las nubes.
Y entonces descender.
Hasta posarme en tu hombro.
Rozar tu pelo.
Y entonces mirar el rostro inmaculado que mira al cielo.
Mira al cielo con ganas de volar.
Ahí es cuando me doy cuenta de lo mucho que te quiero.
Te doy mis alas.
Pese a querer volar ya todo me da igual.
Entonces vuelas.
Quieres encontrarme.
No sabes que ya no podrás.
Un pájaro al cual le han arrancado las alas.
Un pájaro que muere sin volar.
Pero a la vez feliz.
Feliz por saber que alguien volará por él.





Algo que he escrito en un momento, la verdad es que se me asemeja a una canción, por lo que lo voy a usar para un fic en el cual necesito una letra de canción (xD) Aquí lo dejo, no es que sea nada del otro mundo, pero fué lo primero que se me vino a la cabeza al ver la imagen ^^

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